El mercado de la vivienda en España comienza a mostrar señales de desaceleración tras varios años de crecimiento intenso, según coinciden portales como Idealista, Fotocasa y Pisos.com, tras analizar los últimos datos publicados por el INE.
En febrero se registraron 59.689 compraventas, lo que supone un leve descenso interanual del 0,5%, reflejando un posible punto de inflexión en el ciclo inmobiliario.
Primeras señales de enfriamiento
El ajuste afecta tanto a la vivienda nueva como a la de segunda mano, aunque sigue siendo esta última la que concentra la mayoría de operaciones.
Pese a esta ligera caída, el nivel de actividad continúa siendo elevado, lo que apunta más a una fase de estabilización que a una caída brusca del mercado.
Hipotecas y precios, claves del cambio
Los expertos coinciden en que uno de los factores determinantes será la evolución del crédito hipotecario. Las entidades financieras han comenzado a adoptar criterios más prudentes, lo que podría moderar el ritmo de compra en los próximos meses.
Al mismo tiempo, los altos precios siguen actuando como barrera de entrada para muchos compradores, especialmente jóvenes.
Menos operaciones, pero precios tensionados
A pesar de la ralentización, la escasez de oferta continúa siendo el gran problema estructural del mercado. Esta situación, combinada con una demanda que sigue activa, mantiene la presión sobre los precios.
Algunos analistas apuntan que el mercado podría haber alcanzado un techo en volumen de operaciones, aunque aún es pronto para confirmar un cambio de tendencia definitivo.
Diferencias por territorios
Los datos también reflejan comportamientos desiguales por comunidades autónomas. Mientras algunas regiones registran caídas en las compraventas, otras siguen mostrando crecimiento, lo que evidencia un mercado heterogéneo.
Un mercado en fase de transición
Tras un 2025 de máximos, con cifras récord desde antes de la crisis de 2007, el sector entra ahora en una etapa de normalización, donde la evolución dependerá de factores como los tipos de interés, el euríbor o la capacidad de acceso a la vivienda.
A corto plazo, todo apunta a un escenario mixto: menos operaciones, pero precios que seguirán tensionados mientras no aumente la oferta disponible.




