Desde este lunes, 22 de septiembre, las calles Carmelites, Jesuites, De la Vila, De los Arcs y la plaza de la Vila han quedado reabiertas al tráfico tras más de un año de obras de regeneración urbana y con más de cinco meses de retraso respecto a la fecha que estaba prevista. Según el Ayuntamiento, podrán acceder vecinos, transporte público, servicios de emergencias, vehículos de carga y descarga y aquellos conductores cuyo destino sean los aparcamientos del Serpis o del Prado.
Sin embargo, según ha podido saber Gandia Zoom, existe un profundo malestar y preocupación entre los comerciantes de la zona, que aseguran no haber sido consultados ni haber dado su visto bueno a las restricciones implantadas, pese a que el consistorio sostiene que la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico las ha aceptado.

Los afectados han anunciado que solicitarán una reunión con el alcalde de Gandia, José Manuel Prieto, para impedir que estas limitaciones se consoliden, dado que temen un impacto muy negativo en la economía y el comercio del centro de la ciudad.
Señalan que la propuesta real del Ayuntamiento, que no se ha hecho pública y que incluso fue negada en dos ocasiones a preguntas de la oposición en el pleno municipal, consiste en controlar el tráfico y multar a todo vehículo que no tenga como destino los aparcamientos del Serpis y Prado.

Además, denuncian que la reapertura con restricciones responde a la implantación encubierta de la “zona morada” en el centro y en el Paseo de las Germanías, una medida ya polémica en su día, que restringía la circulación a gran parte de los vehículos. “Todo esto supondrá un serio perjuicio para el tejido económico de la zona”, afirman los comerciantes.
Desde el consistorio se defiende que la actuación urbanística, que ha supuesto una inversión de más de dos millones de euros, “humaniza el entorno del área monumental de la Vila”, con calles de plataforma única, soterramiento de tendidos eléctricos, nuevas instalaciones subterráneas y mejoras en accesibilidad. Con esta actuación, se culmina la remodelación de todas las calles y plazas del Centro Histórico de Gandia, que se inició en los años 80.

No obstante, el debate sigue abierto: mientras el Ayuntamiento presenta el proyecto como un avance en sostenibilidad y calidad urbana, los comerciantes temen que el modelo de movilidad planteado ponga en riesgo la viabilidad de sus negocios.
Fotógrafo / © Josep Lluis Rufat




