Corría el año 2015 y se acababan de celebrar las elecciones municipales y autonómicas, donde el PP de la Comunidad Valenciana se hundió, perdiendo centenares de alcaldías, que pagaron el desgaste del gobierno del entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Todos recuerdan las palabras por entonces de Rita Barberá aquella misma noche: “¡qué hostia!… ¡qué hostia!”, abrazándose al entonces secretario general del partido, Serafín Castellano. Y eso que tanto ella como el entonces presidente Alberto Fabra, eran los candidatos más votados, pero los números no daban para seguir gobernando en el Cap i Casal y la Generalitat.
Pero hubo una “isla”, como se le llamó entonces, que resistió a ese hundimiento de las siglas PP y salvó los muebles. Fue Arturo Torró, que disfrutaba de la primera y única mayoría absoluta de la historia democrática de Gandia, y que tan solo perdió un concejal, clave para mantener esa mayoría. Y entonces apareció la suma del concejal número 13, que era por entonces el elegido concejal de Ciudadanos, Ciro Palmer. Hombre profundamente conservador y religioso, que durante muchos años le fue fiel y estuvo entregado al exlíder del PP de Gandia, Fernando Mut, desterrado por el entonces líder provincial, Alfonso Rus.

Aquella noche electoral, la entonces candidata y ahora ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant, lloraba sin consuelo ante una derrota sin paliativos que no tenía prevista. De los 10 concejales que heredó de su predecesor, José Manuel Orengo, se quedó en tan solo 7 concejales, el peor resultado de la historia del socialismo gandiense. La coalición de Més Gandia se quedó a solo 2 de alcanzar sus resultados, con 5 ediles. La paradoja era que mientras la izquierda recuperaba las instituciones valencianas tras más de dos décadas por el desierto de la oposición y aplastantes mayorías absolutas de los populares, la que fue capital y refugio del PSPV durante todos esos años, iba a seguir en manos del PP de Arturo Torró.
Fue tal el impacto, que el exalcalde y mentor de la ahora ministra, no tardó en trazar un plan que se iba a desarrollar con absoluta discreción y sin hacer ruido, para que los números sumasen y poder hacer alcaldesa a Diana Morant. Y eso pasaba por el concejal naranja, Ciro Palmer. Ahí es cuando entra en la operación, Fernando Mut, que mantenía contactos con dirigentes relevantes de Ciudadanos y a quien le unía con el socialista un mismo objetivo: desterrar a Torró como hicieron con él y echarlo de la alcaldía. Ahora que se habla mucho de los ‘fontaneros’ de los partidos, como es el caso de la socialista Leire Díez, podríamos decir que tanto Orengo como Mut eran los ‘fontaneros’ de esta operación.
“Ho arreglarem!”, dijo por entonces Orengo en su red social Facebook, pero nadie en el PP cayó en la cuenta de lo que estaba por venir. Lo cierto es que de aquellos movimientos que se pusieron en marcha nada más salir el sol, después de aquella dura derrota, poco ha trascendido, más allá de corrillos, rumores, viajes a Barcelona y recortes de prensa. Orengo lo tenía claro desde ese mismo momento: “Diana, vas a ser alcaldesa y yo lo voy a conseguir”. Relanzó a su candidata y aspirante a la alcaldía, le secó las lágrimas y la puso en modo espera hasta que él acabase la tarea que él mismo se había encomendado como ‘fontanero’ de la aspirante socialista.
Pasaban los días y en el PP se respiraba un ambiente de victoria y entusiasmo, sus siglas habían sufrido un auténtico tsunami y ellos habían resistido a esa “ola”, quedándose a tan solo 300 votos de repetir la mayoría absoluta. Torró empezó a contactar con el concejal de Ciudadanos, Ciro Palmer, para elaborar conjuntamente un acuerdo de investidura, dado que era fundamental su voto para lograrlo. La única alternativa era que Més Gandia se abstuviera en esa votación, pero era evidente que esa opción se descartaba, aunque el sector del Bloc Nacionalista Valencià apostase por dejar a Torró gobernar en minoría, dada su mala relación con los socialistas y sus recelos a volver a compartir gobierno, después de lo ocurrido en 2007.

Tanto Torró como Palmer tenían claro que lo natural era una suma de PP y Ciudadanos, como luego se vio que sucedió en otros lugares de España. Pero no nos olvidemos de un detalle importante: Orengo y Mut estaban con toda la maquinaria en marcha. Nadie en el gobierno de Arturo Torró había sido imputado ni estaba siendo investigado, y las urnas habían hablado alto y claro, pero ambos enemigos reconvertidos en socios de conveniencia, tenían claro que Torró tenía que soltar la vara de mando.
Pasaron los días y el día clave se acercaba. Fue entonces cuando Arturo Torró, ante la pasividad de Ciro Palmer, le propuso un principio de acuerdo para apoyar su investidura, pero Palmer se negó a firmar ningún documento y le emplazó al día de la sesión de investidura hace ahora 10 años. Torró, ante la incredulidad, le volvió a instar a firmar un acuerdo entre ambas formaciones, pero fue entonces cuando Palmer dijo aquellas palabras que luego llevaría en su conciencia: “me voy a votar a mí mismo, lo juro por el honor de mi apellido y la trayectoria política de mi familia. Mi conciencia me dicta mi proceder”. A poco más de 24 horas de celebrarse aquella sesión constitutiva, aseguró que en ese pleno se votaría sí mismo en la sesión de investidura, dando de nuevo la alcaldía a Arturo Torró, y que el martes siguiente anunciarían juntos en rueda de prensa que la formación naranja entraría a formar parte del Gobierno de Gandia.

Pero cuando faltaban escasas horas para celebrarse aquella investidura, saltaron todas las alarmas en las filas populares. Torró, que quería tenerlo todo atado para seguir ostentando la vara de mando una segunda legislatura, le mandó un mensaje a Palmer preguntándole si estaba todo claro para el día siguiente y su contestación fue demoledora: “voy a votar al PSOE”. El concejal de la formación naranja acababa de salir de una reunión celebrada cerca de la medianoche, en el despacho que el concejal socialista Vicent Mascarell, tenía instalado en pleno centro histórico de Gandia.
Quizá nunca sepamos lo que se habló y se acordó en aquella reunión nocturna, en secreto y a escondidas, pero lo cierto es, y como todo el mundo sabe, que horas más tarde la operación que el ‘fontanero’ Orengo había puesto en marcha desde la misma noche electoral, había resultado existosa. Después de aquella sesión de investidura, Orengo lo celebró con un helado de turrón y Torró se había quedado sin la vara de mando. Años más tarde, Fernando Mut confesaría en una entrevista para el periódico Levante-EMV, que se sentía orgulloso de haber colaborado para que aquella operación de echar a su enemigo número uno en política, triunfara.

Los adeptos que llevan muchos años siguiendo la política local desde la época de Salvador Moragues, reconocen que nunca se había visto algo así en la política gandiense, ni siquiera cuando Pepa Frau traicionó a Moragues apartándolo de la alcaldía, o en el año 2003, cuando el propio Fernando Mut tocó la alcaldía con la yema de los dedos y el Bloc Nacionalista Valencià obligó a los socialistas a retirar a Frau, amenazando con dejar gobernar a Mut. “José, agafa tu l’alcaldia perquè sinó, no la recuperem en 20 anys”, fueron las palabras de la recién elegida candidata socialista y que tuvo que retirarse. Así es la política en Gandia, aunque lo que pasó con Arturo Torró con su marcha abrupta de la alcaldía, ya es otra cosa que sigue siendo un misterio.
Fotógrafo / © Juanjo Peret




