La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), más popularmente llamada «banco malo», fue creada en 2012 como una medida para estabilizar los sectores financiero e inmobiliario tras la crisis. La semana pasada, su junta de accionistas acordó frenar la venta de inmuebles con el objetivo de analizar cuáles podrían destinarse a la futura empresa pública de alquiler.
Actualmente, la Sareb dispone de varios cientos de activos inmobiliarios repartidos por la comarca de la Safor, que incluyen viviendas, promociones en construcción y terrenos, comercializados a través de tres agencias inmobiliarias.
Gandia encabeza la lista con el mayor volumen de inmuebles: 117 entre pisos y locales. Estas propiedades se encuentran disponibles en los portales gestionados por la Sareb, con precios que van desde los 3.500 euros por una plaza de garaje hasta casi 300.000 euros por una vivienda. Además, en la capital de la Safor también figuran 84 garajes y trasteros vinculados a viviendas, así como 46 solares.
Tras Gandia, Oliva es la siguiente localidad con más activos: 41 viviendas, 18 anexos y 7 parcelas. Le sigue Tavernes de la Valldigna con 32 propiedades residenciales.
Otros municipios como La Font d’en Carròs (16) o Miramar (12) también albergan activos de la Sareb. Por debajo de la decena están Potries (9), Ador, Villalonga y Xeresa (6 cada uno), Ròtova (7) y Benirredrà y Guardamar de la Safor (5).
Promociones sin finalizar
Además de viviendas ya construidas, la Sareb también posee edificios sin terminar, en muchos casos paralizados desde la burbuja inmobiliaria. Es el caso de Rafelcofer, donde hay 76 viviendas distribuidas en dos promociones inacabadas, según ha confirmado el alcalde, Josep Monserrat.
En Beniarjó se registran 12 promociones en curso, la misma cifra que en Oliva. Tavernes de la Valldigna, por su parte, suma 8. Gandia, en cambio, no cuenta con ningún edificio en construcción en manos de la Sareb.
Muchas de estas viviendas se encuentran en fincas antiguas y requieren rehabilitación antes de poder ser habitadas. La Safor arrastra desde hace tiempo una escasez de vivienda disponible, en parte por la paralización del sector de la construcción en los últimos años.




