El gran apagón que afectó este martes a toda España y Portugal dejó su huella también en Gandia y la comarca, donde se vivieron escenas de auténtico colapso. Diez personas tuvieron que ser rescatadas en Gandia tras quedar atrapadas en ascensores. Los centros de salud se vieron obligados a reprogramar decenas de citas no urgentes y a atender de forma prioritaria a personas dependientes de oxígeno, cuyos dispositivos dejaron de funcionar en sus hogares, por la falta de electricidad.
La Policía Local de Gandia tuvo que ponerse al frente del tráfico de la ciudad, sobre todo en las grandes avenidas o de un alto volumen de tráfico, al dejar de funcionar los semáforos. La línea de tren Gandia-València quedó completamente interrumpida desde el primer momento del corte eléctrico, y no ha recuperado el servicio hasta las 9:00h de hoy, afectando tanto a estudiantes como a trabajadores.
Mientras tanto, numerosos establecimientos se vieron obligados a cerrar al no poder operar sin suministro. Otros permanecieron abiertos, pero sin poder ofrecer servicio. Comercios de alimentación y bazares vivieron una avalancha de clientes en busca de linternas, pilas y otros productos de emergencia, provocando largas colas y estanterías vacías.
Este incidente ha reavivado el debate sobre la fragilidad del sistema eléctrico en España y la falta de planes de contingencia eficaces ante emergencias de este tipo. Gandia, como muchas otras ciudades, evidenció su vulnerabilidad ante un fallo que, más allá del suministro, afectó al funcionamiento de servicios esenciales y a la vida cotidiana de miles de ciudadanos.
En lo que respecta al día post apagón, las autoridades han anunciado la apertura de los centros escolares en la ciudad, sin actividad docente, para que los padres que trabajen puedan dejar a sus hijos y se facilite la conciliación familiar. Mientras tanto, los ciudadanos en general se preguntan: ¿volverá a ocurrir algo así?
Fotógrafo / © Àlex Oltra




