En Bellreguard, a escasos tres kilómetros de Gandía, hay un lugar que forma parte del día a día de quienes viven en la Safor: el Bar Poma. Un bar de carretera solo en apariencia, porque para la gente del pueblo y la comarca es mucho más que una parada: es una institución gastronómica.
Con su fachada azul y la manzana que lo identifica, este local lleva más de tres décadas ofreciendo una cocina honesta, casera y sin adornos, pero sabrosa y generosa, como la de antes. Desde primera hora, abre sus puertas para ofrecer desde desayunos completos hasta cenas con sabor local, pero su punto fuerte sigue siendo, sin duda, el almuerzo valenciano.
Entre sus imprescindibles están los bocadillos de figatell con queso o cebolla, la sepia a la plancha (mejor si es “sucia”), y una variedad de tapas tradicionales como embutido, clóchinas o croquetas. Pero si hay un plato que ha hecho historia en el Bar Poma, son sus albóndigas en salsa. “Les millors mandonguilles de carn les tastareu al Bar Poma”, afirmaba sin dudarlo el historiador Vicent Baydal. Una opinión que comparte también la periodista Macarena Escrivá.
Con precios asequibles, trato cercano y una cocina fiel a sus raíces, el Bar Poma se mantiene como uno de esos pocos lugares que resisten el paso del tiempo sin perder su esencia. No es un sitio de paso: es un punto de encuentro para los de aquí.




