A escasos días de que arranque el otoño, el estado del río Serpis y de numerosos barrancos de la comarca de la Safor es alarmante. La acumulación de cañas, maleza y vegetación invasora convierte el cauce en una auténtica trampa en caso de lluvias torrenciales, aumentando el riesgo de desbordamientos e inundaciones que podrían afectar gravemente a la población.
Las imágenes tomadas en distintos puntos del Serpis muestran un panorama preocupante: vegetación descontrolada, cañas que obstaculizan el paso del agua y restos acumulados durante meses sin retirada alguna. Una situación que se repite en barrancos de Gandia, Oliva y otros municipios, donde los vecinos denuncian la inacción de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ).

La realidad es que, pese a las reiteradas peticiones de los ayuntamientos, la CHJ ni ha prevenido ni ha ejecutado actuaciones de limpieza en los cauces. De esta forma, los municipios vuelven a quedar expuestos justo en el momento más crítico del año, cuando la llegada de danas y episodios de gota fría puede provocar inundaciones con graves consecuencias materiales y personales.
“Es incomprensible que cada año lleguemos a la misma situación: con los ríos y barrancos convertidos en un tapón y sin que la Confederación actúe con la rapidez que se necesita”, lamentan desde el consistorio de Gandia.

Mientras tanto, algunos municipios como Oliva o Almiserà han optado por intervenir con sus propios medios, asumiendo un coste que no les corresponde pero que consideran imprescindible para garantizar la seguridad de sus vecinos.
El Serpis, símbolo de la comarca, se ha transformado en el mejor ejemplo de una falta de gestión que pone en jaque la seguridad de miles de personas. A las puertas de un otoño imprevisible, con altas probabilidades de fenómenos adversos debido a la temperatura elevada del mar, el mensaje es claro: los cauces siguen abandonados, y la probabilidad de inundaciones es un riesgo palpable.




